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Profesionales de la Cultura en Aragón

Hacia un plan estratégico de la cultura en Aragón

Descarga del documento Hacia un plan estratégico de la cultura en Aragón (PROCURA)


El Gobierno de Aragón se ha propuesto elaborar un Plan Estratégico de Cultura en Aragón. Esta es, por sí misma, una noticia a celebrar: que desde la Dirección General de Cultura se haya percibido que hay una necesidad urgente no ya de emprender acciones concretas, sino de planificar el horizonte hacia el que pretendemos dirigirnos en un ámbito, el de la cultura, en el que el medio y largo plazo rara vez han estado sobre la mesa. Evitar las actuaciones inconexas en favor de políticas culturales duraderas que partan del análisis y la reflexión.

Y tan loable o más que esta intención es el hecho de que se propongan escuchar a los agentes culturales, y tratar de que el documento resultante dé cabida a diferentes sensibilidades y visiones de la cultura. Una estrategia concebida desde el debate y el consenso.

Sin embargo, leído el primer documento borrador (redactado por la propia Dirección General a partir de las aportaciones del Consejo de Cultura) y después de haber asistido a las sesiones participativas, desde PROCURA consideramos que tanto el propio documento como la orientación que se ha dado a este proceso de diálogo con los actores culturales presentan, de partida, serios problemas de enfoque que el gobierno autonómico debería reconsiderar si realmente quiere alcanzar su objetivo: concretar un plan estratégico que tenga verdadero impacto en la sociedad.

Así, el citado documento borrador -aceptando que no pretende ser tanto un proyecto de estrategia como una primera declaración de intenciones- presenta un enfoque inicial que difícilmente puede dar paso a la redacción de un plan estratégico integral y congruente: se centra casi exclusivamente en el sector profesional de la cultura y sus problemáticas, refiriéndose reiteradamente a la ciudadanía como “público” o “espectadores”, y reduciendo por tanto el papel de esta al del consumidor pasivo. Del mismo modo, el documento se estructura en base a los diferentes subsectores –música, escénicas, plásticas, libro, audiovisual, etc.-, contemplando la cultura desde un prisma económico y mercantil y cayendo, por tanto, en el ya clásico error de analizarla como un recurso y no como un derecho. Una estructura excluyente, que deja fuera otros aspectos de la cultura que deberían estar presentes en un documento de esta trascendencia: la cultura comunitaria, la participación activa, las iniciativas no profesionales en el ámbito rural, o la accesibilidad de las infraestructuras culturales, entre otros.

Tampoco el análisis de la situación del sector que aporta el documento nos parece afortunado. Lejos de hacer un diagnóstico trabajado y motivado, se reduce a un breve DAFO que arroja poca o ninguna luz sobre esta realidad: apenas una batería de ideas generalistas, de nuevo centradas en el ámbito de las industrias culturales, a partir del que resulta imposible identificar cuáles son las urgencias, dónde están las claves que deberán motivar las líneas y políticas culturales que ordenen el futuro plan estratégico.

Por último, el documento tampoco incorpora previsión alguna de los recursos que el Gobierno de Aragón prevé destinar en los próximos años para la implementación del citado plan, indispensables para poder discernir si un documento tan ambicioso, necesario y relevante para el futuro de la cultura en nuestra comunidad forma parte de un proyecto hilvanado, coherente y viable, o si acabará convirtiéndose en una mera declaración de intenciones.


Con estos mimbres, tal vez se podría llegar -con mucho esfuerzo e imaginación- a redactar un Plan Estratégico de Industrias Culturales; pero desde luego no a un Plan Estratégico de la Cultura que defienda la cultura como un derecho, que para ser eficaz debería fundamentarse en ejes transversales –accesibilidad, diversidad, sostenibilidad, cooperación, memoria, participación activa, transparencia y trazabilidad, por citar algunos posibles ejemplos-, y, sobre todo, situar a la ciudadanía como sujeto central del mismo.

Quede claro que conociendo la situación del sector, su precariedad e inestabilidad desde PROCURA compartimos esas preocupaciones; y tal vez sea necesario que, a partir de un buen plan estratégico de cultura, se redacte a continuación un plan específico devenido de este para el sector profesional (o incluso de cada subsector, como el propio documento deja entrever al mencionar un posible “Plan del Audiovisual”); pero en ningún caso deberíamos caer, una vez más, en el error de cambiar la parte por el todo.


Tal vez parte de ese carácter sesgado de este primer borrador devenga, en buena medida, del enfoque seguido en la creación de otro órgano indudablemente necesario: el Consejo de cultura de Aragón. Ya en su concepción, el método empleado para la selección de sus componentes –por invitación de la Dirección General de Cultura y Patrimonio-, hace inevitable a nuestro juicio que se produzca una circunstancia poco recomendable a la hora de diagnosticar el estado de la cultura en nuestra comunidad: sin duda, son todos los que están, pero no están todos los que son. La valía de todas las personas invitadas a formar parte del mismo es indudable, pero observamos que todos ellos pertenecen al sector profesional, quedando fuera del mismo, y por tanto sin voz –al menos hasta la fecha- la miríada de iniciativas culturales de carácter no profesional existentes por todo el territorio, así como los que deberían ser el centro de un plan estratégico elaborado por una institución pública: la ciudadanía.

Desde nuestro punto de vista, la creación de un foro de estas características, tan necesario y con tanta relevancia, debería partir de un proceso participado y transparente, en el que por igual profesionales, no profesionales y ciudadanía tuvieran la oportunidad de aportar su visión, sus necesidades y deseos y elegir a sus representantes, garantizando de tal  modo que el consejo sea un verdadero reflejo del conjunto de agentes, personas y colectivos que de un modo u otro se ven afectados por la realidad cultural aragonesa.


Por su parte, el proceso de participación planteado tampoco es, a nuestro criterio, el que requeriría un proyecto de estas características: nace excesivamente condicionado de partida por el propio documento y su delimitación sectorial; no se aportan datos suficientes para que los participantes emitan sus opiniones y propuestas en base a un diagnóstico claro y objetivo; en la relación de actores a los que se ha invitado a tomar parte en las sesiones participativas echamos de menos de nuevo la presencia de la propia ciudadanía; y en la metodología, excesivamente dirigida, se parte de un supuesto consenso en torno al documento de partida que, a tenor de lo visto en las diferentes sesiones celebradas en Zaragoza, Huesca y Teruel, y de la baja participación registrada, con la asistencia de seis personas en Huesca, diez en Teruel y unas cuarenta en Zaragoza tras la supresión de dos de las cuatro sesiones inicialmente previstas -dato que ya obligaría a cuestionarse si el planteamiento ha sido adecuado-, dista mucho de la realidad.

En PROCURA creemos en la inteligencia colectiva; y entendemos que la mejor manera de corresponder al esfuerzo de quienes dedican parte de su tiempo a contribuir en estos procesos es ofrecerles escenarios de participación verdaderamente abiertos, en los que poder debatir con las instituciones con unos límites bien definidos pero sin cortapisas, para desde la divergencia, el disenso y el diálogo encontrar y transitar alternativas, y dar cabida a todos los puntos de vista posibles.


En definitiva, desde PROCURA queremos felicitar al Gobierno de Aragón por poner sobre la mesa este necesario ejercicio de repensar las políticas culturales para nuestra comunidad autónoma, y le animamos a que persevere en ella: un ejercicio indispensable después de años de peregrinaje por el desierto. Pero no podemos obviar que tanto el punto de partida –un documento que no habla de la cultura como un derecho, sino exclusivamente de su vertiente productiva- como la hoja de ruta elegida –haciendo un uso instrumental de la participación- no pueden ser, en ningún caso, los cimientos adecuados para conseguirlo. Motivo por el que, desde la crítica constructiva, animamos al gobierno autonómico a que reinicie este proceso fundamental con una perspectiva verdaderamente participativa y de conjunto, atendiendo y dando voz a todas las manifestaciones y formas de hacer que conforman y enriquecen el ecosistema cultural de nuestra comunidad.

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