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Profesionales de la Cultura en Aragón

Manifiesto por el valor del Centro de Arte y Naturaleza (CDAN)

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En enero de 2006 se inauguraba en la ciudad de Huesca el CDAN, Centro de Arte y Naturaleza de la Fundación Beulas. En esencia, abría en Aragón uno de los centros con mayor potencial del mundo en las relaciones entre arte, naturaleza y paisaje. Una apuesta de futuro consecuente con el tiempo en que vivimos y con el lugar que habitamos.

Con el tiempo en que vivimos, porque creaba por primera vez en Europa un espacio integral para la exhibición, la difusión, la didáctica y la investigación de las prácticas artísticas contemporáneas sobre la corriente del arte conocida como “land art” (traducida al castellano como “arte y naturaleza”). Un centro llamado a convertirse en museo de referencia internacional, en el momento exacto, justamente cuando mayor concienciación existe en la sociedad sobre las problemáticas medioambientales actuales. Y referencia fue, hasta que en el año 2012 se cercenó su trayectoria.

Con el lugar que habitamos, puesto que el paisaje aragonés es reconocido por su riqueza y diversidad, decenas de miles de turistas nos visitan cada año simplemente por la naturaleza que nos rodea. La Diputación Provincial de Huesca lo tuvo claro a mediados de los noventa creando el programa “Arte y Naturaleza”, intervenciones artísticas de primer nivel realizadas por artistas internacionales de prestigio sembradas en el paisaje de la provincia, configurando una cartografía que sitúa al Altoaragón como un museo de arte contemporáneo al aire libre, atrayendo así a artistas, críticos, comisarios o cualquier persona interesada en el mundo del arte. Por otra parte, el pintor paisajista José Beulas, recientemente fallecido y germen de la fundación que lleva su nombre y gestiona el CDAN, había sido consciente de esto mucho antes, reflejando en su obra la belleza que se esconde en la montaña, en los somontanos o en el desierto que tenemos muy cerca de Huesca.

En enero de 2006, decíamos, se inauguraba el CDAN. El resultado de un gran esfuerzo previo para convertir en realidad un proyecto singular y con porvenir para el arte contemporáneo aragonés. Su primer éxito consistió en acoger bajo el mismo paraguas el programa “Arte y Naturaleza” y la colección atesorada por José Beulas, dentro de un edificio diseñado por Rafael Moneo, primer Premio Pritzker de Arquitectura español. Un edificio contemporáneo que, por si alguien no lo sabe, está reseñado en numerosas publicaciones internacionales, algo que le lleva a ser visita recomendada para arquitectos y estudiantes de facultades de Arquitectura de toda España cuando estudian el hormigón como material constructivo y su integración en el entorno.

Durante años, y hasta 2012, el CDAN se convirtió en un centro admirado dentro del arte contemporáneo en España, más si cabe, por situarse en la periferia de los grandes ejes de la creación contemporánea. Específicamente, por su propia temática, en un referente para artistas que trabajan con la naturaleza o paisajistas de Europa y Latinoamérica. Además de las exposiciones temáticas en torno a “Arte y Naturaleza” o la colección Beulas, se fueron incorporando nuevas obras en el paisaje: el artista portugués Alberto Carneiro en Belsué o el creador danés Per Kirkeby en Plan, iconos destacados de la corriente europea del “Land Art”, cuyas exposiciones circulan por los principales museos europeos y que llevan en sus catálogos el paisaje altoaragonés. Esto simplemente es un pequeño ejemplo, la punta del iceberg de lo que un CDAN fuerte significó para promover ese turismo cultural, diferente, del que tanto se habla como elemento diferencial de la política turística de Aragón.

Alrededor del núcleo expositivo se realizaron otras muchas actividades hasta 2012: en primer lugar, un extenso ciclo que analizaba la visión contemporánea del paisaje, con cinco ediciones dirigidas por el Catedrático de Arquitectura del Paisaje de la Universidad de Alcalá, Javier Maderuelo. En ellas intervino lo más granado de la investigación sobre las visiones contemporáneas del paisaje en España y en el mundo. La calidad del ciclo hizo que, año tras año, fueran apareciendo más y más profesionales y estudiantes venidos de todos los rincones del mundo. Un punto de encuentro con los especialistas de aquí donde se establecieron conexiones y se facilitaron oportunidades laborales a una escala superior a la autonómica.

De manera complementaria, el CDAN fue construyendo un centro de documentación sobre Arte y Naturaleza único en Europa, con publicaciones en castellano, pero también en otras muchas lenguas, con miles de publicaciones en su fondo y también miles de profesionales e investigadores asociados que tenían en el centro aragonés su base de trabajo para informarse. Como todo centro de investigación de museo, se llegó a convertir en lugar imprescindible para la realización de tesis doctorales y punto de encuentro para compartir y profundizar en estudios sobre arte y paisaje con numerosas estancias de investigación.

El concepto de museo en el siglo XXI es el de un espacio abierto a la sociedad e inclusivo. Por este motivo, el Área de Didáctica del CDAN participó durante años en proyectos de accesibilidad o desarrollo de audiencias para personas con diversidad funcional con otros centros de arte nacionales e internacionales. De hecho, fue uno de los centros pioneros en España en contar con una doble inauguración de exposiciones: para personas adultas y para niños y niñas. Hasta su desaparición en 2012, el Club CDAN contaba con más de 500 socios/as infantiles, que disfrutaban de un programa específico que fomentaba la creatividad y el respeto por la naturaleza. Dada la fuerte demanda del servicio didáctico del centro, había semanas enteras en las que ya no cabían más visitas de colegios en la agenda.

Y podríamos continuar con los programa de becas y concursos, otras formaciones, los catálogos de todas las exposiciones que siguen destacando años después. Todo ello convirtió al CDAN en un verdadero centro catalizador del arte contemporáneo, reconocido a nivel nacional e internacional.

Sin embargo, todo el esfuerzo no obtuvo recompensa. El CDAN tuvo mucha mala suerte. En su mejor momento, y tras una acumulación de recortes año tras año como consecuencia de la crisis, en marzo de 2012 se produjo un punto de inflexión donde las restricciones presupuestarias llevaron prácticamente al CDAN a su desaparición. Con unos presupuestos raquíticos, que desde entonces apenas permiten la supervivencia del edificio, el Gobierno de Aragón abandonó a su suerte uno de los proyectos más reconocidos que tenía en el plano internacional y acabó arrastrando al resto de instituciones que forman el Patronato del museo.

Así seguimos hasta hoy, a pesar de que se ha elegido a un nuevo director mediante concurso público, que según las últimas informaciones aparecidas, cuenta con una rídicula dotación presupuestaria para actividades de 10.000 euros al año, con la que se debe poner en marcha todos los contenidos. Partida que no debe confundirse con las que cuenta el CDAN para su mantenimiento, sin las cuales el centro ya directamente permanecería cerrado y apagado. Actualmente no existen partidas para colección, conservación, educación, investigación y documentación. Tampoco para la renovación de infraestructuras técnicas como climatización e informática, que se encuentran bajo mínimos.

Sus recientes declaraciones nos llevan inexorablemente a posicionarnos en una cuestión que bien podría ser extensible al panorama del arte contemporáneo aragonés, y a otros sectores. Que un centro de estas características cuente con tan sólo esos 10.000 euros anuales para actividades podría ser perfectamente motivo de sonrojo y burla, si no fuera porque se trata de un tema muy serio, ya que detrás hay personas y colectivos a los que se priva directamente de un servicio público de Cultura, que se constata en la imposibilidad de realizar acciones de inclusión social basadas en el arte, formaciones e investigaciones, becas a la creación artística o exposiciones especializadas. E indirectamente también al conjunto de visitantes que tenían en Huesca y en Aragón un referente en términos de turismo cultural basado en el arte contemporáneo y que, desgraciadamente, eligen otros destinos. Tampoco se puede presumir de que en un equipamiento de estas características trabajen solamente el director, un operario de mantenimiento y una técnico de exposiciones a media jornada. Ello supone un riesgo para salvar una programación de calidad pero, lo más importante, para asegurar la conservación de las piezas de su colección, a las que no se destina presupuesto desde hace años (tanto para las que almacena atesora el propio centro ni para las obras diseminadas en el paisaje). Esto, precisamente, en el Año Europeo del Patrimonio Cultural. Desde luego, es evidente que no nos encontramos ante un caso de buenas prácticas en Cultura.

Por todo ello, las personas y colectivos abajo firmantes, manifiestan la necesidad de que se dote adecuadamente al CDAN para que pueda realizar sus actividades dignamente y en consonancia con otros centros de su misma talla a nivel nacional. Por incomparecencia, el riesgo actual es que no solamente se pueda ver afectada la conservación de su colección, sino que otros lugares en España ocupen el espacio que un día tuvieron la ciudad de Huesca y Aragón en el mundo dentro de la especialización en “Arte y Naturaleza”, una corriente del arte contemporáneo que, dados los tiempos, tiene un largo recorrido y mucho futuro. Al tiempo para que esto ocurra.

Se insta finalmente a las instituciones públicas de las que depende económicamente el CDAN, especialmente al Gobierno de Aragón que preside el patronato del centro, a que apliquen los códigos de buenas prácticas firmados con el Instituto de Arte Contemporáneo, y también a que impulsen acuerdos para comenzar a restituir la imagen exterior que el centro ha perdido en estos seis últimos años, lo que con la excusa de la crisis ya no puede disculparse.

Queremos confiar en que, con voluntad política, el CDAN vuelva a recuperar el lugar que se merece dentro del panorama artístico contemporáneo nacional e internacional.

Un lugar que no se debió dejar perder.

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