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Reflexiones en torno al concepto de participación en materia cultural

El presente artículo es una aportación personal de nuestra asociado  y gestor cultural Saúl Esclarin, que reflexiona sobre la importancia de la participación en los campos relacionados con la cultura, su ideas es compartir su preocupación y que este debate pueda ampliarse con más opiniones y discursos. Desde la redacción de la Web de PROCURA compartimos esta preocupación y os animamos a profundizar aquí y en otros foros en este debate necesario.


Foto: Saúl Esclarin

Reflexiones en torno al concepto de participación en materia cultural

La participación como concepto del que se han apoderado gran parte de las políticas públicas con competencias culturales y/o sociales requiere de una revisión urgente, tanto en el fondo como en la forma, tanto en el continente como en el contenido. Posiblemente, su reiterado uso y su errática y obligada necesidad de aparecer en los programas y proyectos políticos hayan vaciado su contenido pasando a formar parte del abanico de palabras desvitalizadas en el contexto del hacer y del decir lo políticamente correcto. Si te desvitalizan una muela, la dejas sin dolor pero también sin vida. Llenarse la boca con el término “participación” desde las estructuras y organizaciones para acabar regurgitándola en forma de promesa incumplida o intención devuelta. Perder por el camino a toda la comunidad que creyó en tus intenciones y que aportó su tiempo, sus ideas y su fe no es un lujo que debamos permitir que se vaya por el desagüe de la desconfianza y el descrédito. Porque de lo que si hablamos es de querer reconfigurar los sistemas de poder y de que la ciudadanía tenga un rol más activo dotándole de la capacidad de poder transformar con su voz las decisiones que le afectan, y no se es consciente de lo que realmente significa, es hacerle un flaco favor a la democracia. No podemos desvitalizar también tan importante palabra. Y menos en estos tiempos en que se hace más necesario que nunca crear y encontrar espacios y plazas públicas donde se produzca el vital intercambio entre gobernantes y gobernados, donde la voz de los segundos sea escuchada y tenida en cuenta por los primeros. Donde todo fluya y confluya.

Quizá deberíamos plantearnos su significado, repensar en la palabra para recuperarla. Y redefinir las reglas de juego, saber para qué sirven los escaques del tablero y cómo mover las fichas por ellos. Conformar verdaderas políticas y canales de participación, revisar los protocolos que marcan los actuales procesos de participación para intentar dar giros y provocar cambios en las políticas tanto en las instituciones como en las plataformas organizadas del sistema cultural. Todo ello en el marco de lo digital, que ha permitido romper definitivamente con la unidireccionalidad en pos de la interacción de los usuarios-ciudadanos, que se han convertido en activos en tiempo real creando comunidades de intereses que van más allá de los escenarios que hace unos años podíamos imaginar y que necesitan tener un retorno colectivo de su participación individual. Cerrar los ojos como excusa para no explorar estos canales de participación es perder una oportunidad obligada para avanzar por el camino del progreso y de la evolución de la sociedad. Cuestionar su utilidad es un debate superado hace mucho tiempo. Usar mal o malintencionadamente sus posibilidades, una bofetada a la democracia participativa verdadera. Actitud y cuidado como ejes vitales de cualquier acto responsable a nivel de política cultural.

La participación exige responsabilidad por parte del que la solicita. Exige saber qué se quiere conseguir y dotarle a la palabra de su máxima amplitud de significados. No se puede solicitar participación y luego caparla marcando las opciones, por ejemplo. Y desde luego, no se debe banalizar ni desvirtuar su importancia. Entre otras cosas, porque la sociedad le puede dar la vuelta, tal y como se nos explica en el Decálogo de prácticas culturales de código abierto[1] con el ejemplo del modelo participativo elegido por Televisión Española para decidir al representante del Estado español en Eurovisión. “Los televidentes votaron en masa por un personaje humorístico llamado Chiquilicuatre quien finalmente acudió como representante al concurso…podríamos considerar que todo el proceso fue una suerte de hackeo ciudadano a la iniciativa.”

La participación no debe empezar cuando se les pide a los ciudadanos opiniones y reflexiones acerca de un asunto cultural en concreto –ya decidido- o acerca de las líneas estratégicas preestablecidas a seguir en materia cultural. Yo te presto una ficha para jugar pero te limito los movimientos hacia donde yo quiero. No vale solo con ser el dedo que la mueve. Yo necesito elegir si quiero jugar con la ficha roja, verde o amarilla. Sino, es hacer trampas. Como dicen las buenas gentes del 10penkult “A lo largo del territorio se han realizado llamadas a la participación para contribuir a definir los contenidos que se presentarían dentro de las candidaturas a la CapitalidadCultural2016 pero en ningún de los casos se presentó la opción de rechazar los planes de capitalidad cultural.”[2] Cuidado con los procesos elegidos para desarrollar políticas en materia cultural. Ciertos responsables políticos suponen que ya están legimitados por las urnas para tomar las riendas de los destinos de las ciudades o de los ciudadanos. Si para algo estamos hablando de participación es precisamente para desechar esa idea. La participación no es un mecanismo de validación de decisiones de los responsables elegidos (o designados).

Por lo tanto, si hablamos de procesos participación abiertos en instituciones culturales y/o organismos políticos en materia cultural estamos obligados a hablar de verdaderos espacios de compartir colectivamente los intereses de la comunidad unida en torno a ellos, foros flexibles que rompan con la dimensión espacio/tiempo, con unas dinámicas que tengan sus ritmos internos y donde las corrientes fluyan en libertad con los únicos diques que impongan los propios miembros del proceso. Espacios camaleónicos con capacidad de adaptación a la naturaleza de los procesos y que permitan una continua interacción con todos los recursos que forman parte de ellos. Espacios donde la transparencia y el derecho a la información sean un síntoma de buena salud. Foros, en definitiva, pensados como instrumentos que buscan favorecer y servirse del trabajo de todos para una misma finalidad compartida.

Saúl Esclarín
@saulesclarin


[1] Puedes consultar y/o descargar la v1.0 en http://10penkult.cc/ Cita en página 23.

[2] Ver nota anterior.

3 comentarios
  1. Saúl, leí hace unos días tu reflexión y comparto ampliamente tu opinión: La participación exige responsabilidad por parte del que la solicita.
    Constantemente ha faltado la responsabilidad de los que convocaban a participar y más en el sector cultural, donde todos saben y todos quieren articular proyectos y elaborar planes teóricos. Esto es lo que constantemente ha pasado cuando se nos ha convocado a participar en proyectos de ciudad y en planes estratégicos. Nunca se ha producido un verdadero intercambio de ideas.
    Como dices: Ciertos responsables políticos suponen que ya están legimitados por las urnas para tomar las riendas de los destinos de las ciudades o de los ciudadanos.
    Lo mismo ocurre con determinados técnicos culturales que llevan años dictando una táctica equivocada que nos conduce a la inmensa mayoría apatía cuando se habla de participación.
    Por cierto recomiendo a los lectores aprender a leer y comprender lo que se lee antes de opinar.
    Saludos Saúl y continuaremos resistiendo
    Esteban

  2. Buenos días Pablo,la verdad es que me alegra saber que el artículo provoca reacciones aunque, en este caso, no muy positivas a tenor de tus palabras. Se redactó como una serie de reflexiones con el objetivo de intercambiar puntos de vista con todas aquellas personas que quisieran y, efectivamente, exponer mi propia visión del asunto. La pena es que no podamos entablar un debate ya que no dejas la puerta abierta a que éste se produzca porque desconozco tu opinión acerca del concepto de participación y demás temas que se plantean en el artículo. Así que estaría encantado de conocer tu punto de vista y tus argumentaciones. Creo que en el intercambio de ideas y en la riqueza que produce.

    Muchas gracias y un saludo.

    Saúl Esclarín

  3. El artículo sobre la participación me ha parecido deplorable. No se entiende absolutamente nada. La participación como concepto en ningún momento ha sido definida. Es un escrito lleno de paja, de ciertas palabras que son huecas, un escrito que no lleva a nada.

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